“Instalada ya el habla de la pobla en el imaginario personal, el florecimiento del discurso indígena público, operado a contar de 1992, no hizo otra cosa que reforzar y darle el aire necesario que le faltaba a la poética de David Aniñir. La estética mapurbe sale airosa (sube) desde el enclave mapuche donde retorna siempre, y se para en el centro simbólico y real de la “mierdópolis donde arde el asfalto”. Discurso que también hizo rápida sintonía, en un ejercicio genuino de interculturalidad, con otros del entorno de resistencia antisistémica urbana.
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